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  • Ignacio De Leon

Un nuevo record nada nuevo.


Prendo el televisor y me encuentro conque Latinoamérica ha batido un nuevo record mundial: 4,3 millones de infectados por el COVID19. Este registro se suma al de la Madre Patria española, donde la cifra es igualmente de record mundial.


La incertidumbre sobre el comportamiento de esta enfermedad explica parcialmente su contagio: se desconoce su tratamiento, no sabemos si contaremos con una vacuna pronto, ni lo que la causó (¿un murciélago en una sopa? ¿una mutación inducida en un laboratorio bacteriológico?), no podemos identificar a simple vista pacientes asintomáticos para alejarnos de ellos en la fila del cajero, ni tampoco la velocidad de transmisión. En resumen, no sabemos nada.


Es posible que esta misma ignorancia explique la negación como "política pública" de nuestros gobiernos. Desde el "no pasa nada, hay que abrazarse" de AMLO hasta manipulación de cifras (180 fallecidos al 03 de agosto) por los amanuenses de Nicolas Maduro. Tampoco faltan los simpatizantes ideológicos que no niegan la enfermedad, pero culpan a quienes son víctimas de ella. Después de todo, distraer es una forma de negación. Es el caso del inquisidor Numa Molina, quien predicando en nombre de Cristo ha levantado su dedo acusador contra sus paisanos emigrantes regresados a Venezuela con todo su pesar, tachándolos de "bioterroristas" y exponiéndolos a la ira pública, muy en la tradición medieval europea de algunos curas exaltados, que atribuían la Peste Negra a las comunidades judía, a mediados del siglo 14.


Más allá de examinar las razones ideológicas, morales o psicológicas que motivan a políticos para negar y sus simpatizantes para culpar a otros, llama la atención la involución institucional de la región como conjunto, lo que explica su incapacidad para atender pandemia, así como para controlar la inflación, para detener el narcotrafico, o asegurar un mínimo de educación competitiva con otras regiones.


Para constatar esta incapacidad no solo es útil compararse con otras regiones del mundo; también es útil compararnos con nosotros mismos en otro punto de nuestra historia. Es aquí donde llego a la historia que quería contar.


El 30 de noviembre de 1803 zarpó de Galicia la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna contra la viruela, dirigida por el médico alicantino Francisco Jose Balmis. La viruela era la enfermedad que por aquellas épocas había arrasado con poblaciones enteras en América. El "Genocidio" amerindio se debió a esta enfermedad, traída en los barcos europeos, de la misma forma que la Peste Negra había llegado a Europa "importada" desde la China. Carlos IV, rey por entonces, buscaba por todos los medios hacer crecer la densidad poblacional de los extensos territorios de la Corona española, para asegurar su ocupación frente a otras potencias europeas. Detener la viruela era asunto de Estado.


La vacuna contra la enfermedad había sido descubierta pocos años antes por el médico inglés Edward Jenner. No obstante, la expedición organizada y pagada por la Corona fue la primera campaña vacunación y prevención sanitaria en la Historia. Tuvo además el dato curioso de la forma heroica cómo se ejecutó: dado que la vacuna no existía en América, y que no había forma de preservarla refrigerada durante su transporte de semanas en Alta Mar, la única forma de traerla era contagiando pacientes sanos, convertirlos en portadores, extraer la muestra infectada cuando mostrara los síntomas, atenuar su impacto, contagiar a nuevos portadores y así sucesivamente, hasta alcanzar tierra. La travesía tenia que hacerse por tanto con una rigurosidad excepcional, para no quedar sin "portadores" a mitad de camino. Se escogieron a 22 huérfanos entre 3 y 9 años recogidos en Hospicios de Madrid y La Coruña para hacer las inoculaciones. Todos los niños salvo uno sobrevivieron a la travesía.



La expedición duró 3 años y tuvo un éxito monumental. Después de dar una breve pausa en Puerto Rico, llegó a la Capítanía General de Venezuela, donde fueron recibidos como héroes. Allí se dividió en dos, yendo Balmis al Virreinato de Nueva España (hoy México) que entonces alcanzaba hasta San Francisco (California), luego de pasar por Cuba. Finalmente, llegaría hasta Filipinas y la China. Por su parte, Jose Salvani (segundo al mando), se dirigió hacia el sur, vacunando en los territorios que hoy ocupan Colombia, Ecuador, Peru, Chile y Argentina. La película 22 Angeles relata esta historia; igualmente recomiendo el libro del Premio Planeta Javier Moro, A Flor de Piel.


Luego de ver esto, a uno le asaltan dos preguntas. La primera, ¿cómo pudo hacer implosión una Corona capaz de tener una visión de Estado tan elevada apenas 5 años después de este episodio? La segunda, ¿cómo es que después de 200 años de existencia republicana independiente y del progreso tecnológico habido desde entonces, nuestra capacidad de enfrentar una pandemia es similar a la que teníamos en 1802?


Me quedo con esas dudas.






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