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  • Ignacio De Leon

Red Avispa: ¿Arte o propaganda?



Vengo siguiendo la carrera cinematográfica de Edgar Ramirez desde su película Punto y Raya (2004) donde protagoniza a Pedro, un joven soldado colombiano, agricultor idealista, a quien patrulla en la frontera de su país con Venezuela. Allí se cruza con Cheíto (Roque Valero), un soldado venezolano ladino, cuentista y parrandero, a quien la recluta lo ha convertido en soldado por la fuerza. Fue una película estupenda, por su sencillez y por la verosimilitud de sus dos personajes, uno, el colombiano soñador que quiere luchar por su patria y el otro, un venezolano obligado a tomar las armas, que sólo espera la primera oportunidad para desertar.


Desde entonces, la carrera meteórica de Ramirez no ha parado de crecer, y con razón: excelente actor, en numerosas interpretaciones dramáticas que aquí no viene al caso reseñar. Tampoco se duda de su honestidad en su abierta oposición al sátrapa Nicolas Maduro, que ha sido evidente para todos, a diferencia de Roque Valero, quien en la realidad ha demostrado tan cantamañanas como Cheíto, vividor del regimen castro chavista venezolano, o sea, vividor de los venezolanos que pagan esa factura. Pero dejemos a Valero con su mediocridad y volvamos a Ramirez.


En mi opinion, Ramirez desconoce la diferencia entre un sátrapa y un tirano. Los tiranos son dictadores sin limitación; los sátrapas, en cambio eran gobernadores designados por el Imperio Persa para dirigir una provincia ocupada militarmente. La palabra "sátrapa" pasó a tener en nuestro idioma la connotación de tirano, porque lógicamente, un funcionario persa designado desde Persépolis para gobernar a miles de kilometros de distancia, digamos en Mesopotamia, posiblemente no conocía otro límite a su gobierno, que su capricho personal. Igual sucede con Maduro, quien es sátrapa designado desde La Habana.


Pienso que Ramirez incurre en el desliz de tantos personajes famosos, que condenan a Nicolas Maduro, pero exculpan a Hugo Chavez, que puso aquél en el cargo, o son condescendientes con el régimen castrista, que es quien lo dirige a control remoto.


El punto viene a cuento para intentar entender por qué Ramirez ha aceptado participar en ese bodrio propagandístico castrista llamado #RedAvispa. Esta película de reclusión en tiempos de Coronavirus reúne un elenco excepcional donde, ademas de Ramirez, participan los talentosos Penelope Cruz, Gael Garcia y Ana de Armas. La película tiene por finalidad (no puede decirse otra cosa, luego de verla) exculpar moralmente a los cinco agentes del castrismo, que se infiltraron en los EEUU a inicios de la década de los 90 para frustrar los esfuerzos organizados por los cubanos exiliados para rescatar huyendo de la tiranía castrista. Más allá de la mediocridad del guión, que destruye en diálogos infinitos lo que podría haber sido una trama muchísimo más excitante (la historia real daba para eso), el pecado de esta película es la apología velada que hace del castrismo, al presentar estos agentes como luchadores idealistas, y a los cubanos de Miami, como una especie de mafiosos de mal gusto que en sus momentos de esparcimiento cometen actos de terrorismo contra un país soberano. Casi que el rescate de víctimas del castrismo en el Mar Caribe se nos presenta como una actividad que hacen como tapadera para esconder su verdadero talante terrorista. Sencillamente patético.


Enfrentado ante semejante caricatura de guión, cabe preguntarse si los actores deben confrontar un dilema moral al personificar celebridades de la vida real. ¿Es inmoral participar de una trama que desfigura la verdad histórica hasta hacerla una parodia?


¿Por qué es licito exigir a los militares negarse a cumplir ordenes injustas aunque su deber castrense les exija lo contrario, mientras que los artistas tienen la libertad de hacer películas sabiendo que distorsionan la realidad con fines de propaganda? ¿Es ético que un artista acepte interpretar el papel de un Hitler bondadoso, un Ghandi libertino, o un Jesucristo predicador del odio racial cuando sabemos que la historia es otra?


Es cierto que ya Ramirez había interpretado a un Simon Bolivar al gusto de Hugo Chavez, esto es, un Bolivar que no termina sus días en San Pedro Alejandrino enfermo de tuberculosis como nos dice la Historia y todos los testigos que le vieron morir en una cama (así como una autopsia hecha por el propio Comandante Galactico), sino fusilado por la "oligarquía" bogotana. Pero el absurdo de esa escena en The Liberator (2013) era de tal magnitud, que lo grotesco del guion pasaba por ser una licencia artística del director. Después de todo, salvo algún historiador trasnochado, no hay muchos dispuestos a reclamar el desatino de semejante distorsión de la historia de El Libertador. Bueno, si los hay: Rotten Tomatoes, que castigó duramente la película de marras.


En el caso de Red Avispa, por el contrario, se trata de un tema donde aun viven muchos de sus víctimas, y las que no, son recordadas por haber perecido en las aguas del Mar Caribe, devorados por los tiburones. No es cosa de risa ni de licencias artísticas.


Los artistas famosos son celebridades, que la gente admira y muchos quieren emular. Basta con ver la popularidad de reality shows como American Idol o America's Got Talent, Por eso tienen una responsabilidad especial ante su público: representar sus papeles sin faltar a la verdad. En el cine de ficción es posible medir el talento dramático en su valor facial. Hannibal Lecter es la medida de la actuación por la cual veremos siempre a Anthony Hopkins como uno de los mejores actores de la Historia. Citizen Kane nos traerá siempre Orson Welles a la memoria. En cambio, en el cine histórico, la actuación histriónica debe contener ese elemento de verosimilitud sobre cómo creemos que pudo haber sido el personaje histórico encarnado en el actor.


Por esto, será difícil recordar a Edgar Ramirez por su papel de Bolivar fusilado en The Liberator y en cambio, luzca mucho más creíble como el desordenado pero bienintencionado esposo de la emprendedora Joy, en la fenomenal película que hiciera como actor de reparto con la adorable Jennifer Lawrence.


Mucho menos creo que será recordado Edgar por haber dado su aval a esta pieza propagandística con su interpretación del espía Rene Gonzalez. Porque con ello ha aceptado convertirse en pieza de un sistema de propaganda creado por el mismo régimen que hoy hambrea a los venezolanos, sus paisanos, aunque critique a Maduro mil veces. Pues Maduro es castrismo.


¿Acaso alguien puede dudarlo?




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