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  • Ignacio De Leon

Jugando con el jarrón de la Democracia


Esta es la historia de un país moderno, por muchas décadas ícono de la democracia; un país estable, destino de inmigrantes de todo el mundo, practicante de la ley en un Estado de Derecho. Cierto, con sus errores y abusos, pero esencialmente un país tenido como modelo y ejemplo para el resto del mundo.


Lamentablemente, este país se encontraba en un momento de profunda confusión política, producto del desacierto de presidentes anteriores, que habían hecho colapsar la economía con decisiones irracionales. Un país dominado por una deuda pública impagable, por una balanza de pagos deficitaria, y con un sistema económico plagado de regulaciones, impuestos encubiertos, incapaz de competir al ritmo de otras economías.


Para enfrentar la creciente zozobra, sus habitantes habían elegido a un presidente fuera de lo común. Este era un líder desembozado, sin pelos en la lengua, popular, carismático, consciente del momento y dedicado a introducir cambios en la gestión pública necesarias para revertir la crisis social y económica que claramente se veían en el horizonte.


Nuestro presidente intentaba poner freno a estos desafueros, pero no era tarea fácil. Para comenzar, era profundamente odiado por élites de intelectuales que veían sus medidas económicas contradecir sus modelos y teorías de redistribución de la riqueza. Estos intelectuales propagaban un mensaje de violencia reprimida, justificando la conflictividad social como mecanismo para "redistribuir la riqueza", que ellos percibían injustamente distribuida.


Especialmente, este presidente no contaba con acceso a medios de comunicación objetivos. Más bien, estos se habían convertido en retransmisiones de propaganda politica de los enemigos de nuestro presidente, avalando con editoriales complacientes la presencia de grupos radicalizados -sobre todo, de izquierda- dedicados a crear violencia en las calles, auspiciando saqueos, y ataques contra la población civil, por grupos armados. Su enemistad con el gobierno reformador de nuestro presidente se debía a que percibían en él a un político no dispuesto a ceder a sus intereses de grupo en los cuales ellos siempre salían privilegiados.


Este presidente también era especialmente odiado por grupos económicos que no habían podido sobornarlo para favorecer sus intereses corporativos, exigiéndoles competir más para construir empleos en el país.


Todos estos grupos, que hasta entonces se veían como árbitros del bienestar social sin que nadie los hubiera elegido, asumían aires de censores romanos, predicando la "inmoralidad" de este presidente, aprovechando su historia personal, plagada de amantes y con un pasado de celebrity controvertido. Muchos lo tenían como enemigo de la moral y buenas costumbres.


Un buen dia, a estos grupos se les ocurrió que era posible desalojar a un presidente sin tener que hacer una consulta al pais. Sencillamente era cosa de crear un recurso legal basado en torcer la constitución, para lograrlo. Un golpe de palacio, para decirlo redondamente. Entonces, actuaron.


El presidente es Carlos Andres Perez y el país es Venezuela.


PD. Por cierto, hoy leí esta noticia:






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