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  • Ignacio De Leon

Venezuela socialista (1)

Para entender cómo construir la riqueza, debemos entender cómo nos hundimos en la miseria


Venezuela ocupa un caso único en los anales de la historia económica mundial: el de un país con la mayor hiperinflación registrada sentado en las reservas petroleras probadas más grandes del mundo. Es el ejemplo perfecto de que la economía es ante todo y sobre todo, ideología, no recursos naturales. Y también, que hay ideologías que matan de hambre y el socialismo es una de ellas.


La destrucción de la economía venezolana ha venido de la mano del creciente intervencionismo estatal en la economía, que no comenzó en 1998, sino mucho antes, en 1976, con la nacionalización de la industria petrolera. Aun recuerdo de niño, la burla que producía en aquellos tiempos la fiebre nacionalizadora, que a toda empresa pública recién creada bautizaba con el sufijo "VEN" (así, Maraven, Bauxiven, Corpoven, etc.). Pero la sociedad experimentaba una bonanza inesperada atribuible a un recurso que se percibía "regalado" a las trasnacionales petroleras, por lo que nadie entonces objetó el peligro de la moda nacionalista. Corrijo, sí hubo quienes lo advirtieron, como Perez Alfonzo al condenar el "Excremento del Diablo", las consejas de Uslar Pietri, sobre "Sembrar el Petroleo", las de Renny Ottolina sobre "Venezuela con todo su hierro y todo su petróleo, nunca valdrá más que sus habitantes". Todas ellas frases que quedaron sepultadas bajo la fiesta de la Venezuela saudita, que fundó una nueva forma de entender la relación de los venezolanos con la riqueza, que no era preciso trabajarla sino organizarse políticamente para succionarla mejor.


Ni siquiera la crisis de la Deuda de los años 80 pudo desmontar ese mito. Desde entonces, los venezolanos hemos vivido en la fantasía de que es posible hacer sostenible un sistema de libertades políticas bajo un esquema socialista de reparto de riqueza. Hugo Chavez ganó las elecciones en 1998 con la promesa de construir una democracia "legítima", donde el reparto fuera más "justo", no una república basada en el trabajo y creatividad de sus ciudadanos.


Este creciente manejo socialista en la economía produjo una delicada dependencia de los ingresos petroleros, que han creado una economía cada vez mas vulnerable a los cambios de precios internacionales, a las políticas de restricción de la oferta petrolera impulsadas por la OPEP -de la cual Venezuela es miembro fundador- y en todo caso, a una economía incapaz de encontrar fuentes alternativas de productividad distintas a la producción de energía barata.


A consecuencia de lo anterior, las políticas económicas han sido concebidas por un estado cada vez mas penetrado por intereses particulares, que han dado con el Nuevo Estado Terrorista, en el cual una mafia criminal concibe la renta petrolera como un botín a repartir, o regalar a países extranjeros a cambio de asesoría política y policial para reprimir a la población (Cuba). Pero no debe olvidarse que la génesis de esta lógica se encuentra en la firme y falsa creencia de que el petróleo genera una renta ubérrima capaz de satisfacer las necesidades de la población, a perpetuidad.


No es casualidad que los vaivenes en el producto interno bruto coincidan con momentos de alza o caída en los precios petroleros. Tampoco es coincidencia que la caída de la capacidad de producción sea un efecto casi inmediatamente posterior de olas de nacionalización de empresas privadas (1975-77; 1998-2018), tal como se muestra en este grafico:


El rentismo socialista es producto, en ultima instancia, de una falta de imaginación sobre la forma de crear riqueza social. En el contexto de las políticas de sustitución de importaciones, promovidas por la CEPAL en los años 1950-80, se asentó en la creencia de que la riqueza petrolera podía servir de catalizador al progreso económico, sin tomar en cuenta la necesidad de crear conocimiento sobre formas y modos de construir riqueza. La apertura económica de los años 1980-2000 produjo una notable reversión de las ineficiencias acumuladas durante décadas por el modelo estatista, pero también produjo gran desigualdad en la redistribución del ingreso. En especial, la provisión de educación y de salud, fue relegado por una visión economicista de la sociedad, que hizo énfasis en la búsqueda de la eficiencia económica, sin tener en cuenta que la innovación y el crecimiento económico asociado a él solo es posible en una sociedad educada y con estándares mínimos de salud.


Ahora a Venezuela se le presenta un contexto económico mundial donde el conocimiento juega un papel central en el crecimiento económico, mucho mayor que la mera posesión de recursos naturales. En 1975, los activos tangibles comprendían el 83% del valor de mercado de S&P 500 y el otro 17% estaba compuesto por activos intangibles. Para 1995, los activos intangibles habían aumentado a 68% del valor de mercado del S&P 500 con activos intangibles a 32% y, para 2015, los activos intangibles habían aumentado a un asombroso 84% del valor de mercado del S&P 500.



Fuente: Annual Study of Intentible Asset Market Value,

Ocean Tomo, 4 March 2015.


Por esta razón, cualquier estrategia para reconstruir Venezuela pasa por cambiar el paradigma convencional, que veía a Venezuela como un productor de energía barata, por otro, basado en una Venezuela capaz de crear conocimiento alrededor de aquellas industrias sobre las cuales cuenta con capacidades y experticias comparativamente mayores, que le permitan acelerar su posicionamiento mundial. Insistir en una estrategia concebida para alimentar con energía barata una economía industrial que ya está dejando de serlo para convertirse en postindustrial es un serio error estratégico. La economía moderna, cada vez mas se orienta a la creación de riqueza mediante el manejo estratégico de portafolios de patentes y no la concesión o venta de recursos básicos. Por eso, es medular concebir una estrategia de reconstrucción con ideas del siglo 21, no insistir en el modelo rentista del siglo 20.


Se trata, en suma, de desarrollar ventajas competitivas basadas en la creación y manejo del conocimiento. A esto dedicaremos nuestra atención en las próximas entregas en este blog.

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