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  • Ignacio De Leon

Del Postmodernismo a la Revolución Neo-comunista


Si algo caracteriza al comunismo, como los virus, es su capacidad para mutar y adaptarse hasta que los anticuerpos sociales están en su punto mas débil, para atacarlos. Los comunistas han sido maestros en el arte de adaptar la teoría a la realidad, en lugar de actuar científicamente postulando la teoría para comprobar la evidencia empírica. Vladimir Ilyich Ulyanov (Lenin) hizo su Revolución de Octubre en un país semifeudal, o con un capitalismo incipiente, como era Rusia, y no en una sociedad capitalista avanzada, como Alemania, Estados Unidos o Inglaterra, como lo esperaba el propio Marx. Como la teoría ortodoxa no le ayudaba, Lenin la rehizo para adecuarla en una narrativa políticamente conveniente.


Quizás esta capacidad de crear narrativas convenientes fue lo que llamó la atención de otro comunista, el italiano Antonio Gramsci, que comprendió la importancia política de examinar la importancia de la "narrativa", y del lenguaje utilizado para construirla. Después de todo, en su país natal, igual que en la Alemania de la postguerra (de la Primera Guerra Mundial), la revolución había fracasado estrepitosamente, al contrario de lo predicho por Marx.

Gramsci notó la importancia de crear un lenguaje que favoreciera la asimilación de conceptos culturales afines a su ideología. La revolución no dependería solamente de la fuerza militar para destruir al "Estado burgués represor", sino de crear un "relato" en el cual estuviera implícito una comprensión de la historia, de la lucha de clases, de la necesidad de destruir la opresión capitalista. En otras palabras, para vender el enlatado ideológico hay que poner énfasis en el mensaje de ventas tanto como en la distribución. Pero es imposible venderlo si la gente no lo entiende primero. En términos de marketing, antes de que la primera venta de suero de culebra se produzca se debe haber convencido al consumidor sobre sus propiedades curativas, que nada tienen que ver con su verdadero poder terapéutico (que es nulo). Ideología disfrazada de marketing.


De no haber sido comunista, Gramsci habría sido un exitoso VP en alguna agencia internacional de publicidad.


Entonces, la condición esencial para el triunfo de la revolución comunista mundial es su capacidad de alterar el sentido del lenguaje a las palabras que forjan la cultura del capitalismo, mucho antes de arrojar la primera piedra contra una vitrina. De este modo, donde antes se escribía "ahorro productivo", ahora habría de leerse "acumulación de capital explotador"; "donde se leía "costumbre familiar", ahora debía escribirse "capricho pequeño burgués", y así sucesivamente. Las palabras designan conceptos, y estos conceptos no son neutros, sino poseídos de una carga ética: es ahí donde se debe inocular el virus marxista, para calificar la propiedad como un derecho "limitado" (pese a que la propiedad limitada equivale a ser de hecho cuestionada); la justicia como "social" (pese a que suponga entregar un bien a alguien sin tomar en cuenta su aporte para producirlo), la libertad como sinónimo de "democracia" (pese que la Tiranía de las Mayorías existe precisamente en dictaduras que se presentan como democracias donde la gente vota -aunque no decida).


George Orwell lo entendió perfectamente, ya en 1949, cuando relataba el poder de la "Neo-lengua" creada por IngSoc, el partido socialista ingles de su novela "1984" (luego transformada en película). Esta era una lengua que llamaba Ministerio de la Paz al ministerio de guerra; Ministerio de la Abundancia, al ministerio de la economía socialista de la escasez e improductividad; y Ministerio de la Verdad al ministerio donde afanosos funcionarios se dedicaban todos los días a borrar pedazos de historia inconveniente al IngSoc y Ministerio del Amor a las oficinas de Seguridad Policial. O sea, el totalitarismo es consecuencia de adoptar un lenguaje cargado ideológicamente, pues todo lenguaje lo es. Claro que la trampa marxista está en no reconocerlo, sino esconderlo tras un conveniente lenguaje de lo "políticamente correcto". Un regalo envenenado, pues.


Este lenguaje políticamente correcto -¿políticamente correcto para quién? habría que preguntarse- viene cargado de ideología filomarxista, así como de otras ideologías "compañeras de ruta" como son el relativismo moral y constructivismo filosófico, todas ellas decantadas en eso que hoy conocemos como "Postmodernismo".


Según Wikipedia, el Posmodernismo "asume una actitud escéptica, irónica, o de abierto rechazo hacia lo que describe como las grandes narrativas e ideologías asociadas con el modernismo, a menudo criticando la racionalidad de la Ilustración y centrándose en el papel de la ideología en el mantenimiento del poder político o económico." (Nótese la influencia de Gramsci). Agrega: "Los pensadores posmodernos con frecuencia describen reclamos de conocimiento y sistemas de valores como contingentes o socialmente condicionados, describiéndolos como productos de discursos y jerarquías políticas, históricas o culturales. Los objetivos comunes de la crítica posmoderna incluyen ideas universalistas de realidad objetiva, moralidad, verdad, naturaleza humana, razón, ciencia, lenguaje y progreso social. En consecuencia, el pensamiento posmoderno se caracteriza ampliamente por las tendencias a la autoconciencia, la autorreferencialidad, el relativismo epistemológico y moral, el pluralismo y la irreverencia."


Para decirlo más redondamente, el Postmodernismo asume como su actitud de vida un "me importa un carajo". Cualquier cosa vale. Como lo canta el tango Cambalache, de Enrique Santos Discepolo:


"Vivimos revolcados en un merengue

Y en un mismo lodo todos manoseados


Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor

Ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador

Todo es igual, nada es mejor

Lo mismo un burro que un gran profesor,


No hay aplazados, ni escalafón

Los inmorales nos han igualado

Si uno vive en la impostura

Y otro roba en su ambición

Da lo mismo que si es cura

Colchonero, rey de bastos

Caradura o polizón


Que falta de respeto

Que atropello a la razón

Cualquiera es un señor

Cualquiera es un ladrón

Mezclados con Stavisky

Van Don Bosco y la Mignón

Carnera y Napoleón

Don Chicho y San martín


Igual que en la vidriera irrespetuosa

De los cambalaches

Se ha mezclado la vida

Y herida por un sable sin remaches

Ves llorar la Biblia contra un calefón


Siglo veinte, cambalache, problemático y febril

El que no llora, no mama, y el que no afana es un gil

Dale no más, dale que va

Que allá en el horno se vamos a encontrar

No pienses más, siéntate a un lado

Que a nadie importa si naciste honrado

Que es lo mismo el que labura


Noche y día como un buey

Que el que vive de los otros

Que el que mata o el que cura

O esta fuera de la ley"


Este "merengue" axiológico del que nos habla Enrique Santos Discepolo, obtuvo respetabilidad filosófica en deconstructivistas como Michel Foucault o lingüistas como Jacques Derrida, o en literatos como Eco, Nabokov o Pamuk, en grupos musicales como los Pet Shop Boys o los Talking Heads, en compositores minimalistas como Adams, Riley o Cage. También, en el arte irreverente de una escultura de oro con forma de inodoro, titulada agudamente "America" (Estados Unidos) que el museo Guggenheim, en un éxtasis posmoderno, ofreciera enviar a Donald Trump para decorar La Casa Blanca, ¡No faltaba más! La cosmovisión postmodernista del mundo ha llegado a dominar el pensamiento liberal e incluso, la propia jefatura de esa institución bimilenaria que conocemos como Iglesia Católica, como lo relata la BBC.


De hecho, esta cosmovisión ha llegado a dominar el lenguaje politico de la propia Derecha mundial quien ha sustituido su norte ideológico -defensa de la propiedad privada, de la libertad personal, de la representatividad democrática, asumiendo las categorías del lenguaje decontructivista de la izquierda radical. Despues de todo, no es popular antagonizar contra lo que se asume que es la "cultura popular" del desenfado y lo contestatario. De pronto, en el corazón de muchos de estos lideres de la derecha mundial subyace aun el muchacho mochilero y hippie de la juventud, vaya usted a saber. Este video del periodista chileno Antonio Lopez, da cuenta del origen histórico de esta neolengua y neosistema comunista en la llamada Escuela de Frankfurt, version alemana del deconstructivismo francés y afin al marxismo cultural que proponía Gramsci, como se indica en esta interesante contribución.


El cómo esta suma de intelectuales, artistas y literatos ha producido estos estallidos sociales que hemos visto en vivo y directo lo interpreto como producto de una suerte de termodinámica social, que tiende al caos natural ante la ausencia de claros valores sociales estabilizadores. Eso de que todo vale, en el fondo genera un sistema social carente de equilibrios, donde las fuerzas desequilibrantes donde el más fuerte busca imponerse sobre el más débil, a costa de la fuerza legitimada en el relato ideológico, no en la ley consensuada por todos.

Como el guión populista y Neo-marxista del chavismo, basado en la toma del poder por via electoral, cuando no es posible lograrlo, esta revolución molecular propone un gobierno "desde la oposición" basado en el terror. Después de todo, gobernar no se hace necesariamente desde el gobierno, sino desde donde se controla el Poder. No es un fenómeno confinado a un solo país; ni siquiera a una region, sino global.


Expresiones de esta "Revolucion Molecular" incluyen:

  • El movimiento por la "diversidad de genero", que no aboga por el respeto hacia la humanidad de los homosexuales como seres humanos que son, se ha convertido en una petición de tolerancia hacia las conductas homosexuales en sí mismas, ya que en su visión postmoderna de las cosas, el género es cuestión de creérselo, no de serlo. Es decir, uno es transexual por adoptar un genero distinto del de nacimiento, ya que el azar de la Naturaleza no es motivo suficiente para la preferencia sexual. O se es gay por motivo de preferencia, no de esencia.

  • El movimiento por la "igualdad de género", que lejos de igualar, crea leyes discriminatorias contra el varón, a quien se estigmatiza no por su comportamiento moralmente reprobable, sino por pertenecer a un género particular.

  • El movimiento por la "igualdad racial", que predica la subversión en el mismo país que ha permitido a miembros de minorías supuestamente oprimidas, llegar a la jefatura del Estado, no digamos a la de las fuerzas armadas, miembros de la Corte Suprema, Diplomáticos, congresistas, académicos y un largo etcetera.

  • Los regímenes populistas que promueven la division entre grupos para sostenerse en el poder indefinidamente, para lo cual articulan su mensaje alrededor de distinciones en la superficie "igualadoras" pero discriminantes en su contenido, como es la modificación del lenguaje por uno "inclusivo".

Estos grupos infectados por el virus ideológico de la semiótica filomarxista, promueven supuestos "derechos" para defender "minorías", cuando precisamente es la igualdad ante la ley en una sociedad democrática lo que garantiza que las minorías sean protegidas. El totalitarismo crea distropias porque su premisa es la segmentación de la sociedad entre privilegiados -de "privileges", por encima de la ley- y los que no.


El neocomunismo ha seguido el esquema de Gramsci para lograr por la via del terror lo que nunca pudo lograr en elecciones pacificas y transparentes: gobernar.



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