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  • Ignacio De Leon

¿Cómo el Blockchain salvará a Venezuela?

Updated: Feb 21, 2019

La confianza es la base de la reconstrucción. La tecnología puede sustituir los vacíos de confianza que dejará la ruina socialista



El mayor reto que tendrá cualquier gobierno que remplace la anarquía instigada por la actual narcodictadura reinante será restituir la confianza social. Suena fácil, pero no lo es. La confianza es una predisposición psicológica que precisa hábitos; durante 20 años esta predisposición hacia el trabajo, el respeto a la palabra, la honestidad en el manejo del dinero público, terminó por desaparecer, luego de 40 años previos (los del puntofijismo), donde venía ya en franca decadencia, al menos desde el 01 de enero 1976, fecha en la cual comenzó a ejecutarse el plan de socialismo económico en Venezuela, a través de la Nacionalización petrolera, esto es, del 95% de las divisas ingresadas al país.


Otros países rescataron la confianza en las transacciones mercantiles con la imposición de regímenes de fuerza pro-capitalistas orientados a la protección de esos valores morales necesarios para que el mercado pudiera existir: la propiedad privada, el respeto a los contratos y a la palabra mercantil. La lista es larga: Alberto Fujimori, Augusto Pinochet, Francisco Franco, Park Chung Hee, Lee Kuan Yew o Deng Xiao Ping. Todos ellos hicieron despegar las economías de sus países devastados pero a costa de sacrificar libertades políticas que a la larga supusieron un freno al crecimiento aun mayor de esas economías, que sólo era posible en un sistema de libertades. Lamentablemente, no había otra forma de restituir la confianza en las transacciones mercantiles destruidas por la retórica socialista, sino apelando al orden el cumplimiento de la ley en defensa de la propiedad privada. Felizmente, los venezolanos hoy contamos con la tecnología que nos permite prescindir de un gobierno autoritario para restituir el orden social, al menos por lo que toca al ámbito de las relaciones económicas (Seguridad es otra historia que narraremos en otra entrega).


Esa tecnología se llama blockchain ("encadenamiento en bloque").


¿Qué es blockchain?


Blockchain es una base de datos distribuida (descentralizada) que registra bloques de información cronológicamente y los entrelaza para facilitar la recuperación de la información y la verificación de que ésta no ha sido cambiada. ¿Usted quiere demostrar el 30 de julio que hizo un pago de 100 dólares a su acreedor el 10 de marzo de 2019? No tiene más que registrarlo en blockchain ese día. Esa información queda encadenada a información de transacciones previas, en "bloques," de manera que cualquier manipulación sobre la cadena hará saltar las alarmas, pues alterará la manera cómo está registrada la información sobre 100 dólares transferidos desde su cuenta (debitándole a usted) a la cuenta de su acreedor. Llegado el 30 de julio, usted puede demostrar a quienquiera que los 100 dólares salidos de su cuenta ya no existen en al misma, y que fueron utilizados para pagar la deuda contraída con su acreedor, porque el protocolo digital bajo la cual se hizo la transferencia permite dicha demostración por sí sola.


Hasta antes del advenimiento del blockchain, esa demostración dependía de la confiabilidad que usted tuviera en el sujeto intermediario que administraba esa información (en este caso, el sistema de compensación de bancos). Naturalmente esa confiabilidad variaba según la capacidad de ese intermediario para prevenir ataques de hackers, o para manipular la información a su favor. En el primer caso, considérese, por ejemplo, el robo milmillonario de pesos mexicanos al Banco de Mexico; en el segundo, nótese el escándalo de plataformas como Facebook, por abusar los términos de uso de la información que suministran clientes que ni se preocupan por leer dichas condiciones cuando se registran en dichos portales.


Bajo blockchain la confianza es máxima, pues la información que a ella se sube no se centraliza sino que se distribuye entre todos los nodos de esa red, por igual. La transferencia de 100 dólares no se suministra a su banco exclusivamente para que este la comunique a la cámara de compensación, sino que se informa a todos los miembros de la red bancaria, quienes al registrar la misma información obligan a cualquier hacker a sabotear cada uno de los miles de nodos de esa red para poder sustraer dinero sin ser detectado. Esto rompe la lógica misma bajo la cual funciona la confidencialidad y exclusividad del contrato bancario, entre clientes y su banco.


Es claro entonces que la propia arquitectura de la red blockchain fortalece la confianza social entre aquellos usuarios participantes de su red, porque prescinde de intermediarios con agendas ocultas o con debilidades para controlar esa información.


Sólo blockchain salva.


Recuerdo de niño algunas paredes de Caracas pintadas con la oración: "Sólo Cristo Salva". Blockchain no llevará a nadie a disfrutar la Vida Eterna, pero sin duda jugará un papel central en la reconstrucción de esta devastada Venezuela. Pues la reconstrucción comienza por la identidad de los venezolanos. Si no sabemos cuantos somos, ¿cómo podemos administrar un país?


Tomemos un problema del cual todos hablan, pero en el que nadie profundiza: la ayuda humanitaria. ¿Cómo administrar la millonaria entrega de alimentos y medicinas sin que automáticamente surjan revendedores, intermediarios, comisionistas, bachaqueros, bolichicos dispuestos a sacar provecho de su control sobre el sistema? Según Development Initiatives, la ayuda humanitaria internacional en 2017 fue de 27.3 mil millones de dólares. Recientemente se recogieron 100 millones de dólares apenas en un día, para atender la ayuda humanitaria venezolana. ¿Debemos creer que estos miles de millones de dólares serán administrados honradamente por las Fuerzas Armadas, en un país asolado por la corrupción y el hambre? Por supuesto que no.


La credibilidad necesaria para administrar un programa de identificación de venezolanos requiere algo más que la promesa de que ahora sí haremos las cosas bien, que ahora sí pondremos gente decente a administrar fondos públicos, o que ahora sí trabajaremos en función del país. Se necesita la credibilidad de la tecnología, no de las personas, para administrar un sistema con base en reglas preestablecidas y consensuadas. Imagina registrar los venezolanos migrantes (o no migrantes) en blockchain y recibir en cada caso una certificación (un sello, similar al sticker con codigo QR incluido en la compra del supermercado) que recoge la información biometrica del sujeto que dice ser quien aparece bajo el nombre y apellido indicado en el registro.


Esa credibilidad permitirá administrar eficientemente, por identificación biométrica de los sujetos beneficiarios, y con el seguimiento, transparencia y control del blockchain, no sólo la entrega de documentos de identidad (pasaportes, cédulas, etc.) para acceder a esa ayuda, sino a programas sociales, administración de impuestos, acceder a servicios públicos, recibir de acciones de empresas privatizadas o incluso, votar en elecciones limpias, realmente limpias. Se acabaron las Tibisays de CNEs tramposos, las maquinitas trampeadas de Smarmatic, los testigos de mesa, las macollas, los intermediarios innecesarios o la humillación de verse marcado como una vaca para acceder a una bolsa de comida. El blockchain acaba con doble cedulados y con terroristas de Hezbollah con pasaporte venezolano.


Ya existen compañías dedicadas a ello, como es el caso de CITIZENZ. Estas empresas se encuentran desarrollando prototipos para instrumentar a través de tecnología blockchain solución a problemas (casos de uso) que requieren respuesta económicamente viable. Particularmente interesante es su propuesta sobre apoyo a migrantes, como se explica en el reportaje de la Deutsche Welle (abajo). Un pasaporte, bajo el sistema actual, cuesta alrededor de 200 dólares según la más reciente reforma de tasas anunciada por el SAIME. Bajo el módulo de Ethereum, este costo puede reducirse a 15 dólares. La clave está entonces en probar la tecnología, y socializarla para su uso a la brevedad, con miras a escalarla posteriormente.



La lucha contra lo corrupción no se da simplemente por seleccionar individuos que se proclamen honestos, sino por crear los mecanismos institucionales para incentivar su honestidad y reducir sus opciones de ser deshonestos, mas un efectivo sistema de castigo y/o reeducación para los que se desvíen. El riesgo es creer en el voluntarismo mesianico y no aprender de nuestra propia experiencia y de la necesidad de establecer protocolos, por mas complejos o aburridos que parezcan.


Así es como la tecnología construirá la confianza que Venezuela necesita para ponerse de pie otra vez.


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