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  • Ignacio De Leon

¿Cómo construir la reconstrucción venezolana?

Tres ejemplos históricos pueden darnos la clave

Un programa de reconstrucción de la economía no sólo debe anunciar el resultado esperado, sino explicar la estrategia para lograrlo. Esa estrategia debe conciliar las posibilidades dentro del juego político en el cual la reconstrucción debe proponerse. Los países en situaciones de colapso institucional cuentan con todo en contra, pero una cosa muy importante a favor: que pueden prescindir del consenso politico que suele favorecer los intereses de grupo por encima de los intereses del gran colectivo. Es por esta razón que mientras mayor el colapso, mejores son las oportunidades de reconstrucción.


Los venezolanos conocemos por experiencia propia cómo el fracaso de las reformas socialdemócratas de inspiración keynesiana hechas durante la abortada segunda presidencia de Carlos Andres Pérez (1989-1993) se debió a que la esencia de dicha reforma fue la de introducir cambios progresivos o truncados. Recuérdese, por ejemplo, que en lugar de una caja de conversión cambiaria se introdujo un "crawling peg" devaluacionista; en lugar de apertura radical al comercio, se redujeron los aranceles y otras medidas no arancelarias, pero no se tocaron las industrias "esenciales", la "agricultura" y otras similares; en lugar de privatizar la industria pública, comenzando por PDVSA, se hizo una selección de aquellas industrias menos proclives a la resistencia de los partidos, se privatizó manteniendo la concentración industrial, sin democratizar la propiedad, solamente por arreglar un problema de caja, y aún así se mantuvo la mayor parte del PIB en manos del sector público. Instituciones como la agencia antimonopolios, Pro-Competencia, que ayudé a fundar, quedaron como verdaderos jarrones chinos, como puedo personalmente dar testimonio de ello.


Por esta razón, las reconstrucciones más duraderas y eficientes han tenido lugar luego de grandes cataclismos sociales, pues ellas han convencido las sociedades de que no hay otra salida al marasmo que el sacrificio fundado en el capitalismo, constructor de riqueza, por oposición a cualquier forma radical o atenuada de socialismo, cuyo resultado es la destrucción de riqueza. Veamos ejemplos de ello:


Singapur: Este estado-ciudad-puerto situado en el Estrecho de las Molucas fue fundado en 1965 por Lew Kwan Yew (LKY), bajo una orientación decididamente pro-capitalista, fundada en la imitación de las políticas de mercado implantadas en Occidente. Es muy revelador que el acto fundacional de Singapur, sugerido por el Dr. Albert Winsemius, un peculiar asesor económico holandés de LKY. Cuando le preguntaron en 1960 su opinión sobre cómo industrializar ese puerto olvidado, aun bajo dominio colonial inglés, fue claro en identificar las dos condiciones de éxito: primero, no remover la estatua del fundador de la colonia británica, Stamford Raffles (1819) y segundo, anular los comunistas y sacarlos fuera de los asuntos políticos. Lo primero, tenía por objetivo afianzar la imagen de la institucionalidad británica, basada en el estado de derecho y la protección irrestricta de la propiedad privada, la civilización de las tradiciones -por oposición a la violencia revolucionaria. Para Singapur, Stamford Raffles equivale a nuestro mesurado Andrés Bello, al acucioso jurista Juan German Roscio y al cerebral Jose Maria Vargas; no a un exaltado Bolivar declarando la Guerra a Muerte o boicoteando su propia Constituyente de Ocaña (1828) por no contar con la mayoría de votos, o a un alucinado Simon Rodriguez dando discursos excitados sobre la Revolución Francesa a niños impresionables; o a un Pedro Carujo, buscando un guiso tras propiciar golpes de estado, primero en Colombia (1829) y luego en Venezuela (Revolucion de las Reformas, 1835).


La segunda condición de éxito de Singapur (remoción de los comunistas de los asuntos públicos) se explica por sí sola.


En cualquier caso, LKY entendió bien cual era la ruta a seguir: fuertes políticas de mercado, amparadas por una eficaz red de asistencia social justa, no asistencialista ("A fair, not welfare, society"). En criollo, esto quiere decir, una red fundada en la solidaridad social, no en la viveza individual. Por ejemplo, LKY impuso un sistema de pensiones previsionales, para vejez y desempleo, con un porcentaje elevado compulsivo de ahorro para compra de vivienda, en lugar del sistema de cotización de seguro social imperante en la metrópolis Reino Unido por el cual el trabajador ponía 5%, el empleador 5% y el trabajador podia retirarse a los 55 años. Igualmente, se establecieron políticas para financiar con una contribución obligatoria del salario (6-8%) la seguridad social (Medisave); es decir, que no sería ofrecida gratuitamente, sino que se cobraría para hacerla viable y de calidad.


España. Luego de finalizar la Guerra Civil, España había quedado completamente arrasada pero también muy consciente de la locura y ruina que había producido el gobierno del Frente Popular, una amalgama de comunistas, anarquistas y separatistas elegida en Febrero de 1936, que instalada en el poder inició una política de persecución política y destrucción institucional que produjo el alzamiento militar del 18 de julio de 1936. Sin embargo, la reconstrucción de España tendría que esperar 15 años más, por la terminación de la 2da Guerra Mundial, el aislamiento económico (bloqueo) durante el resto de la década de los 40 y el desgaste de la Falange, ese partido de inspiración económica fascistoide (por tanto, tan negadora del mercado como el socialismo). Como lo expresa un esclarecedor articulo:


"El franquismo había salido de la Guerra Civil con un programa económico inclasificable, una mezcla de peronismo, falangismo y mercantilismo que se traducía en autarquía, controles de precios, emisión de moneda para intentar impulsar el consumo, rigidez absoluta en las relaciones económicas, desconfianza absoluta en el empresariado local... ¿El resultado? La renta per cápita (en euros de 2010) había pasado de 3.148 euros en 1939 a 3.490 euros en 1950. Apenas un 10% de incremento en una década (menos de un 1% al año) en la que habíamos salido de una Guerra Civil y en la que fuimos un país no beligerante en un contexto de Guerra Mundial (en teoría podía haber favorecido nuestras exportaciones). El balance era pobrísimo, como cualquier que viviera aquellos años podrá recordar. De hecho, el país no recuperaría la renta per cápita de 1929 hasta 1955."

España inició su recuperación y milagro económico a partir de 1959, cuando el Generalisimo Franco, cansado ya de la cháchara falangista, decidió entregar las riendas de su gobierno al Opus Dei, de la mano de sus tecnócratas Laureano López Rodó, Alberto Ullastres y Mariano Navarro Rubio. La receta de estos fue similar a la propuesta por Ludwig Erhard en Alemania: promover el libre mercado:


"se acababan los controles de precios, se estabilizaba el valor de la peseta, se reducían los aranceles y se impulsaba la inversión extranjera, subían los tipos de interés, se estabilizaban los salarios (que llevaban unos años subiendo para intentar acompasarse con la inflación), se controlaba el gasto público y se ponían límites a la emisión de deuda."

El resultado de este experimento fue similar al milagro aleman: España duplicó su renta per capita en una década, y se convirtió en el país de mayor crecimiento en el mundo entre 1960-1973:

Por cierto, esto fue logrado con esfuerzo íntegramente español. España fue el único país europeo que no recibió la ayuda internacional del Plan Marshall.


Chile. El tercer ejemplo de cómo una sociedad desesperada salió del foso con medidas capitalistas es cercano a nosotros. En 1973 este país austral se encontraba literalmente arruinado, merced a las políticas socialistas del gobierno de Unidad Popular liderado por Salvador Allende: racionamiento, cortes de transporte, colas de personas para comprar víveres, hiperinflación y destrucción institucional.


Luego de dar un golpe de Estado, la Junta militar presidida por Augusto Pinochet hizo tanteos de medidas económicas filo-mercantilistas similares a las previamente ejecutadas antes del advenimiento de la Unidad Popular en 1970. El objetivo de la Junta Militar era terminar al gobierno socialista, pero no implantar el liberalismo económico. Entre 1973 y 1982 el Régimen empleó métodos económicos tradicionales, con resultados menguados: La inflación continuaba en torno al 300 %, el gasto público seguía alto y el precio del cobre se desplomaba a la baja. En abril de 1974 la inflacion había alcanzado un 746,2 %.


Buscando alternativas a la persistente crisis, la Junta Militar hizo algo diferente: buscó asesorarse con economistas jóvenes egresados de economía en la Universidad Católica de Chile, la mayoría con postgrado en la Universidad de Chicago, universidad con quien había un convenio de colaboración y becas para estudiar allí. Estos trajeron de esa universidad una idea entonces innovadora: el “monetarismo”, originada a partir de la economía neoclásica. El plan económico de los Chicago Boys consistió en una economía no regulada, abierta al mundo, con un Estado pequeño y subsidiario, de riguroso equilibrio fiscal (limitar el gasto público y la burocracia), y el funcionamiento libre del mercado. Sus ideas estaban influenciadas por las de Milton Friedman y otros exponentes del liberalismo económico, rivales del keynesianismo, que influyeron a los jóvenes durante su estancia en Chicago.


Su primera intervención en el gobierno seria en la ODEPLAN (Oficina de Planificación Nacional), en donde plasmaron sus ideas económicas en un documento conocido como “El Ladrillo”, un breviario de la aplicación de sus ideas a Chile. Los Chicago Boys se convirtieron en los asesores de primera mano de la Armada de Chile, que era la encargada del área económica dentro de la Junta Militar. Pero aun Augusto Pinochet, Jefe de la Junta, estaba renuente. Para convencerlo, trajeron al mismísimo Milton Friedman. Así fue reseñado el encuentro entre el dictador y el economista:


Friedman se reunió con Pinochet el 21 de abril de 1975 y en una corta charla de 45 minutos​ le dio dos soluciones a la crisis que pasaba el país. La primera solución consistía de una recuperación lenta del paciente (Chile), con la opinión de Friedman que éste de tanto esperar podría morir. La segunda solución propuesta fue darle al paciente un tratamiento de "shock" (reforma de choque) para revitalizarlo. Según la opinión de Friedman esto produciría inicialmente un daño muy grave, pero a la larga permitiría levantar los índices económicos chilenos.
El tratamiento de choque, o segunda solución, consistía en reducir el gasto público en un 20%, despedir al 30% de los empleados públicos, aumentar el IVA (impuesto a la transferencia comercial de bienes muebles y activos M1 y M2), privatizar y liquidar las empresas estatales y liquidar los sistemas de ahorro y de préstamos de vivienda. Ya antes de estas propuestas los sindicatos estaban prohibidos y que la legislación laboral había sido eliminada. Finalmente la Junta Militar se inclinó por la opinión de los monetaristas y se aplicó el tratamiento de choque, en oposición a la opinión de los economistas clásicos.

Luego de regresar a los Estados Unidos, Milton Friedman escribiría a Augusto Pinochet, una esclarecedora nota que resume toda la economía política detrás de la reforma y la necesidad de abordar la lucha de las ideas, antes de emprender cualquier cambio de sistema:


"Un programa de shock tal como este podría eliminar la inflación en cuestión de meses. También fundaría las bases necesarias para lograr la solución de su segundo problema- la promoción de una efectiva economía social de mercado. (...)
Este no es un problema de reciente origen, sino que surge de tendencias al socialismo que comenzaron hace 40 años y que alcanzaron su lógico, y terrible clímax, durante el régimen de Allende. (...)
Hace unos cuarenta años atrás, Chile, como muchos otros países, incluyendo el mío, se encausó en la ruta equivocada- por buenas razones y sin maldad, ya que fueron errores de hombres buenos y no malos. El mayor error, en mi opinión, fue concebir al Estado como el solucionador de todos los problemas, de creer que es posible administrar bien el dinero ajeno."

Esta nota resume de modo brillante que las ideas definen resultados en políticas públicas, que esas ideas pueden ser desastrosas y que ante la emergencia y desesperación la gente está dispuesta a ensayar lo que sea con tal de revertir el desastre.


En mi opinión, un error típico de los programas de ajuste hechos en Latinoamérica durante los años 80 y 90 fue haber dejado su coordinación y ejecución a economistas, particularmente especializados en macroeconomía. Dada su formación profesional, su conceptualización de las reformas fue lo que yo llamo un "enfoque de excel", cuadrar las cuentas fiscales, organizar las finanzas para crear un marco referencial favorable a la inversión. Este enfoque, además, pocas veces examinó la economía política de las reformas.


Por ello, el orden de las reformas debe priorizar, ante todo, la productividad. Este no es un tema de largo plazo, sino del corto, cortísimo: como lograr que la capacidad del país para generar bienes y servicios pueda recuperarse en el menor tiempo posible, dado que eso determina las posibilidades de ingresos.


Venezuela debe tomar ejemplo de Singapur, España y Chile para encontrar las ideas de mercado con gobiernos decididos a implantarlas y no dispuestos a transigir a los intereses de grupo y lentitud de las reformas, ideada para sabotearlas.


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